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Los indios, ni sospechosos ni “pobrecitos”

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Por: Myriam Jimeno
Profesora Universidad Nacional de Colombia

Publicado originalmente en el diario El Tiempo el sábado, 15 de noviembre de 2008, pp 1-25

Los indios, afirma la antropóloga brasileña Alcida Ramos, revelan los lados ocultos de cada nación. Los sentimientos, las contradicciones y valoraciones nacionales se pueden entender por medio de la expresión sobre lo indígena. Miren no más lo que ha surgido con la marcha hacia Cali de cerca de treinta mil indígenas del Cauca: el problema de tierras, no resuelto en el país entero; la debilidad de las instituciones nacionales para cumplir con sus funciones acordadas como pactos “especiales” en otros movilizaciones de años atrás; los obstáculos mentales para reconocer que diversidad cultural e igualdad social deben ir de la mano; los grandes intereses creados en zonas rurales; la tentativa de reducir los problemas sociales al orden publico; los intentos de infiltración y manipulación de extremistas y, por supuesto, un nada velado racismo que evidencian periodistas como M. I. Rueda.

¿De qué hablamos cuando hablamos de los pueblos indios? Nuestra época, dice un experto en el tema de lo multicultural, W. Kymlicka, se caracteriza porque mientras el mundo entero se hace más heterogéneo por la migración y la intercomunicación, también cada vez más grupos se movilizan y afirman su identidad cultural y étnica. Los ejemplos son muy abundantes y menciono sólo dos, la ex Yugoeslavia y Somalia, por su capacidad de crear enormes y continuados problemas políticos y humanitarios.  Así que cuando hablamos del problema indio tratamos un tema estrictamente contemporáneo, no de “atraso” versus progreso. Es, sin embargo, un tema no resuelto en muchos países y que contiene dos asuntos muy distintos que precisan solucionarse de manera ligada: son ellos el reclamo por reconocer respeto y derechos a la diferencia cultural y los reclamos por la igualdad social. Así que encaramos al tiempo la diferencia y la igualdad.

La diferencia significa el derecho a que los pueblos sean reconocidos en su particularidad histórica y se les respete su vida cultural, lo que se traduce en derechos sobre el tipo de educación, de autoridad, de lenguas, de formas de producción, tal como en Colombia lo abordó de manera ejemplar la constitución de 1991. Por el otro lado, está la igualdad, que significa que la diferencia no puede traducirse en formas de subordinación, humillación, expoliación o acceso inferior a los recursos y bienes: a la tierra en primer lugar en el caso de los indígenas colombianos. La manipulación que se ha hecho de las cifras de tierras en la Amazonia pretende ocultar la escasez y la pobreza de los pueblos indios de Nariño, Cauca, Risaralda, Córdoba, Cesar, Magdalena, entre otros. Y sobre esto y el cumplimiento de la constitución tenemos un gran rezago.

No estamos pues aquí frente a un tema de un pretendido aislacionismo ni a un canto al “atraso” pues estos pueblos llevan centurias de relación, de mala relación sí, con la sociedad nacional en todas sus variadas formas. Las relaciones van desde una agresiva catequización hasta la educación formal universitaria, como lo muestra Daniel Piñacué, el comunicador social. Estamos sí frente al reto de darle reconocimiento público a la diferencia cultural sin desigualdad social, a buscar relaciones de respeto mutuo entre culturas. Por eso necesitamos abordar de manera explícita las necesidades y aspiraciones de las minorías étnico culturales, indias, negras, rom.

Cada  pueblo, como dice Boaventura de Sousa Santos, tiene el derecho a ser igual siempre que la diferencia lo haga inferior y a reclamar la diferencia cuando se desconozca su derecho a la identidad particular.