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Investigaciones en curso

Plan de investigación en curso

Beca de investigación John Simon Guggenheim 2010-2011

Ciudadanías en el  límite: el caso de Kitek Kiwe en el Cauca

El próximo 11 de abril se cumple el noveno aniversario de un hecho de violencia conocido como la masacre del Naya. Durante esa semana de año 2001, pobladores nasa, afrocolombianos, campesinos y comerciantes de la región del Naya, sufrieron el ataque un grupo armado de las autodenominadas Autodefensas Unidas de Colombia, o paramilitares, que mató cerca de cien personas y provocó la huída de varios miles hacia el norte del Cauca (sur occidente de Colombia). En el año 2003, 56 de estas familias obtuvieron, tras tres años de reclamos, la asignación de una finca en el centro del Cauca (Timbío). 238 personas componen esa comunidad que poco después de su llegada a la nueva tierra se organizó como cabildo de indios con el nombre de Kitek kiwe (Tierra floreciente), afiliado al Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC. Con base en el Cabildo y en la Asociación de Campesinos e Indígenas Desplazados del Naya, este grupo emprendió un proceso de recuperación social y económica y de lucha por obtener verdad y justicia. Protegidos por medidas cautelares, algunos de ellos forman parte del grupo de víctimas que presenta testimonio de lo ocurrido; lo han hecho tanto en el proceso judicial que se les sigue a jefes paramilitares, como en eventos en el país y fuera de él (Jimeno, Castillo y Varela en prensa).

Este caso me sugirió la pregunta por los procesos socioculturales de reconstitución de personas y grupos afectados por acciones de violencia y me permitió extender mis indagaciones sobre la relación entre cultura y acciones de violencia en la intimidad, al escenario de la violencia política. La adscripción del grupo Kitek Kiwe a la identidad étnica india planteaba el interrogante sobre el papel dinámico de la etnicidad (Rappaport 2005; Jimeno, Castillo y Varela en prensa) y permitía una discusión sobre los mecanismos en los que la política cultural alienta la recomposición emocional, subjetiva, tanto como la política, después de un hecho de violencia de gran magnitud.

La masacre del Naya se inscribe en el conflicto interno en Colombia, cuyo ciclo más reciente se extiende entre los años 1997 y 2005, año éste en que se desmovilizaron cerca de treinta mil personas pertenecientes a los llamados paramilitares, a raíz de la ley de Justicia y Paz (Romero 2003; Wills y Sánchez 2006; Varela 2007). Villa y Houghton (2005) proponen que los indígenas, por habitar en zonas de frontera agrícola y extractiva, se ven inmersos en el centro del conflicto armado colombiano. El Cauca, en particular, dicen los autores, ha sido foco de violencia política contra pueblos indígenas con 2.591 víctimas mortales entre 1974-2004. El período 2000-2004 fue uno de los de mayor intensidad por la lucha entre la guerrilla FARC, los paramilitares AUC y el Ejército Colombiano. Desde la emergencia de las organizaciones indias de los años setenta, los reclamos por respeto a la diferencia cultural, autonomía y ampliación territorial, ha colocado a los indios como foco de acciones de violencia y como víctimas por violación de derechos humanos (Villa y Houghton 2005; Jackson 2005; Jimeno 2006).

El movimiento indígena surgió en el Cauca en 1991, con las banderas de “tierra y cultura”. La organización en cabildos de indios, organización con una tradición desde la colonia española, se encaminó durante sus primeros años a reclamar la ampliación de las tierras asignadas (resguardos de indios) y el respeto a la “cultura” indígena, en el marco de un renacimiento étnico más general en América Latina (Gros 1991; Jimeno 1996a y 2006; Rappaport 2005). La creación de organizaciones indígenas en el Cauca fue una novedad política e ideológica que replanteó las relaciones con el Estado nacional colombiano. Progresivamente, las demandas se desplazaron desde el énfasis en la diferencia hacia reclamos por una mayor autonomía (Rappaport 2005; Jackson 2005). Los derechos especiales (fuero indígena), fueron parcialmente obtenidos en la reforma constitucional de 1991 (Jimeno en prensa). La preocupación de la organización indígena, como lo señalan Villa y Houghton (2005), dejó de ser la recuperación de tierras; su énfasis en mayor autonomía política, los confrontó con cualquier grupo armado que interfiriera en su territorio y amenazara sus objetivos de autodeterminación.

Las organizaciones y movimientos indígenas contemporáneos en Colombia puedan entenderse como campos activos de producción político cultural, tal como lo hicieron durante la reforma de la Constitución Política de 1991. Esto se encuentra bien destacado en el proceso que siguen quienes crearon la comunidad Kitek Kiwe a raíz de la masacre, y pone de presente el constante proceso de reinvención de la identidad étnica en el marco de relaciones complejas de las poblaciones subalternas con la sociedad nacional. Esto me  permite resaltar la perspectiva teórica según la cual la acción subjetiva y la colectiva se entienden como partes de una misma formación cultural, en la que hay continuidad entre la interpretación emocional y personal de los sucesos y la acción pública. Subrayo así la interrelación y no la discontinuidad de los procesos subjetivos y los sociales.

Las observaciones de campo que se han hecho hasta ahora se centraron en la realización de un censo de la comunidad y en el uso de un sociodrama por los niños de la escuela comunitaria, hecho a pedido nuestro, con ocasión de la séptima conmemoración de la masacre (Jimeno, Castillo y Varela en prensa). Las indagaciones muestran que después de la masacre, la mayoría de los pobladores de la región del Naya – campesinos, indígenas y afrodescendientes – retornó a la zona pese a los riesgos que corrían y donde aún permanecen. Otros se dispersaron en ciudades. Finalmente, 56 familias se reagruparon para conformar una comunidad nueva que se ancla y estructura sobre el recurso cultural de la común pertenencia indígena, aún pese a la heterogeneidad del grupo en el que hay campesinos no indios y una variedad de indígenas de origen nasa. Esta identidad india les proporciona, tanto a los sujetos como al grupo, los principales recursos simbólicos y emocionales de recuperación.

Por otro lado, la puesta en escena del sociodrama por los niños de la escuela bilingüe de la comunidad, muestra el surgimiento de narrativas compartidas sobre el evento de violencia y el proceso posterior de reconformación (Jimeno, Castillo y Varela en prensa). Estas narrativas articulan las demandas como grupo (Cabildo Kitek Kiwe y Asociación) frente a las instituciones nacionales y los organismos no gubernamentales. Su eje es exigir derechos políticos a la verdad, la justicia y la reparación. También observé que las categorías de adscripción étnica operan de manera simultánea como marcadores de diferencia y como mecanismos de inclusión en la comunidad política nacional (ver Rappaport, 2005). Esto se realiza mediante un discurso articulado que busca la generalización a la sociedad no india de su versión sobre los hechos ocurridos. Al mismo tiempo apela a símbolos de otredad y particularidad cultural, tales como la lengua indígena o los emblemas de la organización indígena, en una atmósfera altamente emocional. Aunque los asistentes a la conmemoración no conocieran el significado cultural específico de muchos detalles, se estremecieron emocionados cada vez que los niños agitaron en alto los bastones símbolo de autoridad tradicional, mientras entonaban en nasa yuwe el himno nacional. Este mismo dispositivo se encuentra en la presentación de proyectos – productivos, educativos o de organización – a entidades internacionales e instituciones regionales y nacionales. Además, es el eje de los trabajos colectivos (mingas) que procuran la reconstrucción de las actividades productivas y de la vida diaria (siembra de café orgánico, de huertos comunitarios, educación, dotación de vivienda, servicios, etc.).

Esto es posible por la política cultural que han puesto en marcha las organizaciones indias en Colombia desde hace más de tres décadas, pues la invocación a la “cultura” y a “lo propio” es algo más que esencialización táctica o estratégica. Es un lenguaje intercultural articulado, en el cual las comunidades indias se dirigen al poder establecido y, al mismo tiempo, a un conjunto mucho más amplio que puede identificarse con ellos y apoyar sus reclamos frente al Estado. Se pone aquí en evidencia la cuestión étnica como un activo campo de producción de sentido y acción ciudadana sobre el entorno social.

De allí el interés de este proyecto de conocer con mayor detenimiento los procesos y los mecanismos socioculturales que inciden en la reparación individual y colectiva de la comunidad Kitek Kiwe. En particular: el papel de la adscripción étnica y su relación con la construcción de memoria sobre el evento crítico; la producción de interpretaciones sobre el mismo y sobre el proceso de reconformación grupal e individual; los dispositivos afectivos e intelectuales a los que han recurrido las personas; las acciones individuales y las del grupo y la incidencia de los aspectos de género y de religión en el proceso. Es preciso contar con mayores observaciones de campo que arrojen luces sobre la manera como sectores diferenciados de la comunidad, mayores-jóvenes, hombres-mujeres, activistas-bases, han experimentado el proceso en los niveles intelectuales, afectivos y de la práctica. También es preciso comprender el surgimiento de conflictos y su manejo. Finalmente, se trata de entender la producción cultural del grupo que apuntala una comunidad emocional por medio de lazos de empatía con el dolor de las víctimas, pues todo indica que es allí donde se unen el dolor subjetivo con la acción ciudadana y la particularidad cultural con la interculturalidad. La noción de víctima y su uso como medio simbólico para reivindicar derechos ciudadanos violentados, es puente de unión de la acción particular de Kitek Kiwe con el movimiento nacional de víctimas que se construye de manera aún incipiente en el país. Por otro lado, es de importancia comprender mediante estudios de caso como el que propongo, cómo las personas que sufrieron estas experiencias de violencia recomponen su lazo con la sociedad y reactivan la participación ciudadana a partir de ciertos dispositivos culturales. Estos propósitos guardan relación con mi interés de larga data por explorar la producción de sentido entorno a las experiencias de violencia, las interacciones sociales en las que aconteció el evento de violencia y la sombra que proyectan sobre la red de relaciones sociales y sobre la acción ciudadana (Das 1997; Jimeno 2008; Jimeno et al 1996b y 1998).

Los medios de trabajo empleados serán básicamente de tres tipos: la evocación de la experiencia personal en relatos de vida; la recopilación de documentos y el registro en video de apartes de las memorias personales. Este video podrá quedar en la comunidad para su uso futuro. La investigación durará un año, distribuido en dos meses de trabajo de campo, dos meses de trabajo documental en Popayán, Cali y Bogotá, dos meses de producción del video y seis meses de análisis y escritura.

Referencias citadas:

Das, Veena. 1997. “Introduction” and “The Act of Witnessing: Violence, Poisenous Knowledge and Subjectivity”. In Das, Veena y Arthur Kleinman (eds.).Violence and Subjetivity. Berkeley, Los Angeles, London: University of California Press, pp.1- 18 y 205-225.

Gros, Christian. 1991. “Colombia indígena. Identidad cultural y cambio social”. Bogotá: CEREC.

Jackson, Jean. 2005. “Colombia´s Indigenous Peoples Confront the Armed Conflict”. In Rojas, Cristina and Judith Meltzer (Eds.). Elusive Peace: International, National and Local. Dimensions of Conflict in Colombia, New York: Palgrave, MacMillan, pp. 185-208.

Jimeno, Myriam. En prensa. “Reforma constitucional y pueblos indígenas. Los límites de la ley”. En Ramos, Alcida (comp.). Brasília: Universidad de Brasilia y Fundación Ford.

Jimeno, Myriam, Castillo, Ángela y Daniel Varela. En prensa. “A los siete años de la masacre del Naya: la perspectiva de las víctimas”. En Ramos, Alcida (ed.). Revista AnuárioAntropológico, Rio de Janeiro: Tempo Brasileiro.

Jimeno, Myriam. 2008. “Lenguaje, subjetividad y experiencias de violencia”. En Ortega, F. Veena Das: Sujetos de dolor, agentes de dignidad. Bogotá: Instituto Pensar, Universidad Javeriana, Colección CES, Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá, Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, Universidad Nacional de Colombia sede Medellín. pp. 261-291.

Jimeno, Myriam. 2006. “Juan Gregorio Palechor: historia de mi vida”. Bogotá: Colección CES Universidad Nacional de Colombia, ICANH, CRIC, Universidad del Cauca.

Jimeno, Myriam. 1996a. “Juan Gregorio Palechor: Tierra, identidad y recreación étnica”. En Journal of Latin American Anthropology, Vol. 1 (2) Spring , pp. 46-77.

Jimeno, Myriam, Ismael Roldan, Luis Eduardo Jaramillo, David Ospina, José Manuel Calvo, Sonia Chaparro. 1996b. “Las sombras arbitrarias. Violencia y autoridad en Colombia”. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

Jimeno, Myriam, Ismael Roldán, David Ospina, Luis Eduardo Jaramillo, Jhon Trujillo y Sonia Chaparro. 1998. “Violencia cotidiana en la sociedad rural. En una mano en el pan y en la otra el rejo”. Bogotá: Universidad Sergio Arboleda.

Rappaport, Joanne. 2005. “Intercultural Utopias. Public Intellectuals, Cultural Experimentation and Ethnic Pluralism in Colombia. Durham and London: Duke University Press.

Romero, Mauricio. 2003. “Paramilitares y autodefensas 1982-2003”. Bogotá: Editorial Planeta.

Varela, Daniel. 2007. “Re-integrando excombatientes de grupos armados ilegales a la sociedad: sentido, forma y experiencias de una acción de Estado en Bogotá”. Bogotá: Trabajo de grado presentado al Departamento de Antropología. Universidad Nacional de Colombia.

Villa, William y Juan Houghton. 2005. “Violencia política contra los pueblos indígenas, 1974- 2004”. Bogotá: CECOIN. OIA. IWGIA.

Wills, María Ema y Gonzalo Sánchez. 2006. “Nuestra guerra sin nombre: transformaciones del conflicto en Colombia”. Bogotá: editorial Norma.