
Resumen
En 1958 Colombia inauguró un experimento político llamado Frente Nacional que duró
entre 1958 y 1974. Buscó cesar la confrontación interna que ya dejaba varios miles de
víctimas en el área rural y sacudía a la sociedad entera. El control del Estado era la piedra
de toque del conflicto partidista. El acuerdo entre los dos partidos hegemónicos, liberal y
conservador, pactó alternarse la presidencia de la república y repartir de forma proporcional
los cargos oficiales. Solemos escuchar entre académicos y gentes del común que fue “un
pacto de élites”, un gran acuerdo de repartición burocrática que excluyó a movimientos y
partidos pequeños, principalmente al Partido Comunista de Colombia. Su acento en reglas
de repartición del aparato de Estado y el pronto surgimiento de nuevos focos insurgentes
nubló el efecto principal de pacificación interna en la gran mayoría del país.
Argumento que ese acuerdo se forjó en medio de un intenso clima emocional colectivo y no
fue apenas el frío acuerdo entre políticos calculadores alejados del “pueblo”. Dentro de este
clima emocional se cambiaron de forma perdurable las reglas de la vida política nacional y
se forjaron las instituciones de un país en vías de modernización, que fructificaron por la
interrelación entre discursos políticos y preocupaciones sentidas por una importante masa
de colombianos. Recurro a discursos públicos de uno de los grandes forjadores del Frente
Nacional, Alberto Lleras Camargo (1906-1990), para ir más allá del lugar común y
evidenciar la arquitectura de valoraciones emotivas que estuvieron incrustadas en las
ideologías fundacionales, como en general sucede con las formulaciones políticas
innovadoras.
Las grandes movilizaciones urbanas en pro de la paz, las manifestaciones de los jóvenes
universitarios, la presencia inaugural de las mujeres en la política, el abandono del
partidismo y sus luchas cruentas, la paz en los campos que duró al menos hasta 1985 fueron
su fruto. La agitación social es evidencia de las emociones públicas, del marco de
referencia, moral y racional, que desembocó en una propuesta de nueva política en torno a
la idea moral de la convivencia entre ciudadanos (ver R. Karl, 2018). Mucho nos hubiera
servido en la dolorosa etapa posterior y hoy es de nuevo referente cuando aún nos desafía
convivir.